Hace ya algún año que otro, me tocó ir por trabajo a Polonia. Desde el trayecto del aeropuerto al hotel, pasé por delante del campo de concentración de Autswitch, y decidí visitarlo.
Puedes contratar un guía. Me tocó una pequeña, bajita y con voz susurrante.
Recuerdo perfectamente la visita. Hay monumentos o sitios que visitamos que no memorizamos casi nada. En cambio, de éste, me acuerdo perfectamente de casi todo. Por que?
Esta visita, creo que es necesaria, para comprobar hasta donde es capaz de llegar la barbarie humana. Hay diversas salas. Espaciosas y con vitrinas. En éstas y dependiendo de la sala se pueden encontrar cantidades inmensas de … pelo humano, aparatos ortopédicos, etc, de la pobre gente que entraba al campo de concentración.
En los pasillos de los edificios hay colgados, centenares o miles de fotos de presos que entraron al campo, y cuando murieron. Algunos, ya morían a los pocos días. Fotos espeluznantes de “experimentos” con niños.
El día era soleado, pero dentro del complejo hay un ambiente nublado, quizás por la tristeza que te embarga ante tal barbarie.
Se puede entrar en las cámaras de gas, donde cientos de personas eran gaseadas a la vez, y pasar por los hornos crematorios cerca de estas cámaras.
Triste también, imaginarse cuando el tren llegaba al complejo y los hombres y mujeres se separaban (la mayoría para siempre).
Dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. Cuando veo las noticias cada día se confirma esta teoría. Además, si de este triste episodio de la historia no somos capaces de aprender, no creo que nunca lo logremos.
Visita no apetecible, pero necesaria. Fuí incapaz de hacer ninguna foto, y me resulta imposible ilustrar con ningún dibujo este artículo.
Nota: Esa noche, en el hotel, dormí con la luz encendida.






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